
El pasado domingo 28 de junio, hemos celebrado nuestra Ultreya de fin de curso bajo el lema “Mirad como se aman”.
En esta ocasión, el lugar elegido para el encuentro fue el entrañable Santuario Mariano de la Virgen del Cristal (Vilanova dos Infantes-Celanova).
Un lugar sagrado al que siempre se vuelve con añoranza y muy querido por nuestro movimiento.
Con el corazón profundamente agradecido queremos dar gracias a Dios por la Ultreya que hemos vivido.
Ha sido uno de esos encuentros que permanecen en el alma, porque en cada momento se ha podido percibir el soplo del Espíritu Santo, guiándonos con delicadeza, iluminando nuestros corazones y recordándonos que Cristo sigue vivo y actuando en medio de su pueblo.
La tarde estuvo marcada por una intensa mezcla de emociones, donde la alegría por el reencuentro de muchos hermanos se unió al recuerdo emocionado y agradecido de quien fue nuestro querido Consiliario, Don Adolfo.
Tras su fallecimiento, su huella y entrega siempre están presentes en nuestro movimiento.
Durante la Eucaristía hemos dado gracias a Dios por su vida y su incansable labor al servicio del movimiento en nuestra diócesis.
Cuando nos reunimos en su nombre, el Señor siempre cumple su promesa de hacerse presente. Hoy lo hemos experimentado de una manera especial.
Lo hemos visto en los testimonios compartidos con sencillez y autenticidad, en las palabras que llegaban al corazón, en los silencios llenos de oración, en las sonrisas, en los abrazos y en la alegría de volver a encontrarnos como hermanos.
Esta Ultreya ha sido un verdadero regalo. Hemos sentido la fuerza de una comunidad que camina unida, que se sostiene mutuamente y que quiere seguir anunciando a Cristo desde la amistad y la cercanía.
La fraternidad vivida nos recuerda que nadie hace el camino solo, que todos necesitamos de todos y que el Señor nos regala hermanos para sostenernos en el Cuarto Día.
Damos gracias porque hemos podido experimentar una Iglesia viva, alegre y acogedora, donde cada persona ha encontrado un lugar y donde todos hemos podido sentirnos familia.
El Espíritu Santo nos ha recordado que nuestra misión continúa más allá de esta Ultreya y que estamos llamados a llevar la luz de Cristo a nuestros ambientes, siendo fermento de esperanza, de amor y de reconciliación.
Nos marchamos fortalecidos en la fe, renovados en el compromiso y con el corazón lleno de gratitud.
Que la alegría compartida hoy no se quede solo en el recuerdo, sino que se convierta en impulso para seguir viviendo nuestro Cursillo cada día, haciendo realidad aquello que tantas veces proclamamos: vivir la fe con autenticidad, alegría y entrega.
Que María, Madre de la Iglesia, nos acompañe siempre y nos enseñe a permanecer abiertos a la acción del Espíritu.
Que el Señor siga bendiciendo a cada uno de nosotros, a nuestras familias y a toda la comunidad de Cursillos de Cristiandad, para que nunca perdamos la ilusión de anunciar que Cristo cuenta con nosotros.
Seguimos caminando juntos, con la certeza de que Dios continúa obrando maravillas en medio de nosotros.
¡De Colores!