
Decía el Papa Francisco en la JMJ de Lisboa de 2023 que en la Iglesia caben todos, todos, todos. En los recintos del Santuario de Nuestra Señora de Covadonga este sábado 27 de junio, también.
Los motivos de reunión eran varios: Ultreya diocesana; clausura del Cursillo 542 y (no menos importante) un rato de compartir entre amigos, entre hermanos. Aunque con ausencias muy notadas, especialmente de aquellos veteranos que van por delante marcándonos el camino al resto; en el corazón estábamos todos.
Y como no se paró de recordar en toda la tarde, desde las resonancias de la Ultreya Diocesana, hasta en las palabras con las que resumieron sus tres días de cursillo los nuevos hermanos: todos somos necesarios en esta gran familia del MCC, donde Dios ha estado grande con nosotros.
Desde los mayores (empezando por aquel que vivió el cursillo Nº 1, en El Bibio, en junio de 1958), hasta los más jóvenes; desde lo más profundo de Asturias, hasta de tierras andaluzas. Todos formamos esta familia, todos aportamos algo fundamental.
La Comunidad formada por distintos miembros, con nuestras diversidades como fortaleza, y por supuesto, bajo la acción del Espíritu Santo, es el eje claro de nuestro movimiento.
Todos tenemos un sitio, una misión. Todos, con la Gracia de Cristo, que sigue contando con nosotros; y bajo el manto protector de Nuestra Madre, que nos reunió a todos en su casa este bonito sábado para el recuerdo.

