
Salvaleón, la preciosa localidad pacense elegida para la celebración de la XLVII Ultreya diocesana, daba la bienvenida al casi centenar de asistentes llegados desde distintos puntos de la región, con una mañana agradable, de sol, cielos limpios y aire puro.
La tranquilidad de la localidad, de algo más de 1500 habitantes, se vio perturbada por el jolgorio y la alegría de este extenso grupo de cursillistas venidos desde distintos puntos de la diócesis, dispuestos a conquistar a sus habitantes con la fiesta que es la acogida, antesala de lo que ha de venir.
Los abrazos, los besos y las voces extremeñas, unidos a la hospitalidad y generosidad de los responsables y cursillistas voluntarios de la zona, que tan magistralmente la prepararon, sorprendía a los habitantes locales a las puertas de la Parroquia de Santa Marta donde íbamos a comenzar la Ultreya, como no podía ser de otra forma, con un Eucaristía de acción de gracias por los momentos que íbamos a vivir, presidida por nuestro consiliario D. Pedro Alberto Delgado y concelebrada por sacerdotes de nuestro movimiento y de la localidad misma.
Después de dar gracias al Señor por el día que comenzábamos, dirigimos nuestros pasos hasta el acogedor salón de actos de la Casa de la Cultura que el ayuntamiento de la localidad, a través de su presidente, ha tenido a bien cedernos para escuchar las palabras de la ponente, María Jesus Jaraquemada de Villafranca de los Barros, y una enamorada de cursillos.
María Jesús lleva la responsabilidad dentro del movimiento, de coordinar las distintas sedes de esta extensa diócesis. Bajo el lema propuesto este año por el Secretariado Nacional, “CUIDA DE ÉL…” centrado sobre todo en el postcursillo.
María Jesús nos dio pistas de cómo llevar a cabo esta labor. A modo de resumen nos dijo: “somos frágiles y todos tenemos la necesidad en algún momento de ser cuidados con cariño y esmero. A lo largo de nuestra vida vamos a necesitar apoyos de aquellos que forman parte de nuestra vida, de nuestra comunidad. Esto es lo que quiere Cristo de nosotros, que nos cuidemos como digo con cariño y esmero. Al fin y al cabo cuidando al otro no hacemos otra cosa que cuidar a Cristo.”
Con la preceptiva comida de convivencia y celebración, terminamos un gozoso día que quedará en nuestra memoria.



