
Un fin de semana que transformó el corazón.
El pasado fin de semana 17. 10.25 hemos celebrado el cursillo de jóvenes, ha sido mucho más que unos simples días de convivencia; ha sido un verdadero encuentro con Dios, con los demás y con uno mismo.
En cada charla, en cada oración, en cada sonrisa compartida, se ha sentido la presencia viva de Cristo, recordándonos que nunca caminamos solos.
Han sido momentos de risa, de reflexión, de lágrimas sinceras y abrazos fraternos. Cada testimonio, cada gesto de servicio y cada palabra de aliento han dejado una huella profunda en el alma.
Hoy, al cerrar este fin de semana, llevamos en el corazón la certeza de que Cristo cuenta con nosotros, que Su amor nos transforma y que nuestra misión continúa más allá de estas paredes.
Porque lo vivido aquí no termina: empieza ahora, en la vida cotidiana, donde estamos llamados a ser luz, alegría y testimonio del amor de Dios.
¡De Colores!

