
El fin de semana del 21 al 23 de febrero, celebramos en la casa de Espiritual de María Madre en Guadalajara un cursillo de renovación.
Fuimos llamados a vivir este cursillo de renovación veintiséis personas, de las cuales hubo un pequeño grupo de la diócesis de Ciudad Real, lo cual nos enriqueció.
Comenzamos sintiéndonos “llamados”, una llamada que todos ya habíamos vivido, pero que hemos vuelto a sentir con fuerza. Una segunda llamada a seguir al Señor.
De nuevo el Señor sale a nuestro encuentro. En ese encuentro nos volvimos a preguntar: ¿Cuál es mi relación con Dios? Un Dios que me sigue preguntando: ¿me amas?
Encontrarse es situarse frente a alguien, ante este Cristo que nos ama con locura, cara a cara, pero siendo transparentes, si no hay verdad no hay encuentro. Sentimos la necesidad de nacer de nuevo y esto significa dejarnos encontrar por El.
Reflexionamos sobre la importancia de la comunidad. Dios quiere ser el Dios de cada uno de nosotros, pero siendo todos uno. La revolución que tenemos que anunciar es que somos hermanos. ¿Qué se nos pide?, se nos pide tener VIDA. Somos enviados, pero teniendo la certeza de que el Señor siempre está a nuestro lado.
Nos hacíamos una pregunta: ¿siento que no puedo vivir sin mi comunidad?
Somos una comunidad llamada a ir. Yendo, en salida, esto expresa dinamismo, movimiento, en el mundo, y es, en este mundo donde ya habita el Señor en cada uno de los que nos rodea. Dios nos manda a cada uno de nosotros a los otros.
Hoy es urgente el primer anuncio. ¿Cómo ir? Con el testimonio del resucitado, Dios en mi vida, desde la alegría, entusiasmo, amistad y la oración. Y con un trípode bien posicionado.
Tras cada charla trabajamos con las conversaciones en el Espíritu, lo cual fue un acierto, tras el silencio, el ver que me dice el Señor, su Espíritu, el poder compartirlo pausadamente, y sabiéndote escuchado por el otro, llegando entre todos a ver lo que nos pide el Señor.
En definitiva, ha sido un regalo del Señor. Doy gracias a Dios por todo lo vivido, y a los instrumentos que utilizó para ello, Rosa, Merche, Javier y Pedro.
Y termino con una frase del Papa Francisco que nos recordaba Rosa:
“Si un sueño se debilita hay que volver a soñarlo”.
¡De Colores!
