
Desde la mañana del sábado 22 de febrero, a la tarde del domingo, tuvo lugar el retiro anual convocado por el Secretariado de Cursillos de la Archidiócesis.
Casi 40 personas participaron, algunas de ellas han sentido la necesidad de vivir el próximo Cursillo, al experimentar la espiritualidad y el estilo que anida en nosotros.
El Consiliario Diocesano, Pedro-Alberto Delgado, fue el encargado de dirigirlo, tanto en las diversas meditaciones como en los diversos encuentros de oración y en la celebración de los sacramentos.
Trazó un itinerario vivo de la auténtica esperanza como “confianza plena en la intervención benefactora de Dios en la vida de toda persona”; es cierto, como dice el profeta Habacuc, que los signos de los tiempos nos invitan a pensar que nada tiene sentido, que vivimos en una sociedad malvada y sin futuro, en la que “no hay vacas en los establos y los olivos se han olvidado de dar aceitunas” (Habacuc 3, 17-19).
Pero la “esperanza no defrauda” (Romanos 5, 1-5) porque nuestra Esperanza es Cristo, quien nos llama, elige y envía a nosotros, tal como llamó, eligió y envió a los Doce (Marcos 3, 13-19); primero para estar con Él, y desde Él, ser fermentos en nuestros ambientes y en el mundo de su esperanza, de su Reino.
En comunión con el Papa Francisco, se profundizó en las líneas maestras del Jubileo 2025 a través de la Bula “Spes non confundit”, aplicándola a lo cotidiano de la vida.
El marco tranquilo de la Casa de Espiritualidad de Villagonzalo (Badajoz), a las afueras del pueblo, con su jardín, sus oratorios, sus dependencias, ayudaron a conseguir el silencio profundo que permitió la meditación de la Palabra y la oración de contemplación.
Así mismo, las comidas, con una conversación moderada, estimularon el conocimiento mutuo y el compartir la vida.