
El pasado miércoles, día 6 marzo, se celebró un encuentro de oración del Vía Crucis en la Casa de San Pablo, abierto a todo el Movimiento de Cursillos de Cristiandad y teniendo presentes a todos los que no pudieron asistir y recordando a Julián Merino, que nos acompaña en la oración, en los brazos del Padre.
La oración del Vía Crucis nos acerca al sufrimiento de nuestro Señor durante su Pasión, pero también nos recuerda que Jesús no fue abandonado en ningún momento por el Padre, y que también nosotros recibiremos la fortaleza y la gracia para superar las dificultades.
Todos, en algún momento de nuestra vida, pasamos por la cruz, y tenemos que aprender a dejarnos acompañar por Él, porque al contemplar su dolor y sufrimiento en el Vía Crucis, llegamos a comprender, que solo con su ayuda, podremos aceptar nuestras cruces de cada día.
El Vía Crucis comenzó con la 1ª Estación en la Capilla, iluminada por un par de velas. Al recorrer las estaciones por el interior y exteriores de la casa de San Pablo, nos encontramos además con los que le rechazaron y endurecieron su corazón con lo que contemplaban, pero nuestra experiencia de encuentro con el Señor, nos acerca especialmente a las mujeres y hombres que le amaron, su Madre, la Virgen María, el Cirineo, la Verónica, las Hijas de Jerusalén…, con los que compartimos sus mismos sentimientos.
La última Estación, fue meditada en la Capilla, con los asistentes alrededor del Sagrario, donde se encuentra Jesús Vivo y Resucitado, que nos dice con la fuerza de su amor: ¡confía, nada hay imposible, acepta mi entrega para recibas la Vida eterna!
Nos despedimos del Señor, con una bella oración cantada y agradecidos porque Él, da sentido a nuestra vida y nos acompaña siempre. Volvemos a casa con la esperanza, de que todo sufrimiento es fuente de Vida.

