
El pasado 21 de junio tuvo en lugar en Covadonga la Ultreya Diocesana.
Nos juntamos un surtido y amplio grupo de personas venidas de todo el Principado de Asturias.
Antes del testimonio, al mediodía, compartimos una comida fraterna en Cangas de Onís, en la que todos aportamos nuestros manjares y el tiempo, que amenazaba lluvia, nos dio una tregua perfecta para comer y disfrutar toda la familia cursillista el campo.
De ahí, subimos todos al Santuario, y en las dependencias del Museo tuvo lugar la Ultreya.
En esta ocasión habló Manuel Balmori, con su habitual gracia mexicana.
La presentación corrió a cargo de su suegra Elsa Díaz Alemany, que hizo una emotiva y divertida introducción.
Manuel siente poderosamente la fuerza que le da el Espíritu para llevar a Cristo y su Palabra allí donde esté: en su trabajo (en un hotel), en la prisión (donde es voluntario y donde se siente feliz), en su familia… en toda su vida.
Está tan seguro de su misión que la contagia a todo el que le oye: somos apóstoles al pie de la calle, allí donde Cristo nos pone. Tanto es así, que en su lugar de trabajo en una pequeña cueva colocó una Virgen, e invita a todo el que visita aquel lugar, a ir a saludar a nuestra Madre, y a hacer un rato de oración desde este rincón del verde y frondoso oriente llanisco mirando a la Sierra del Cuera. ¡Y la gente va!
Para rematar el día celebramos a continuación la clausura del Cursillo 536, en el que diecisiete hermanos vivieron ese cursillo en la Casa de Ejercicios de Covadonga, en un ambiente de fraternidad, alegría y comunión en esa montaña que es trono y cuna de España.
Una vez más, que no por ello deja de ser extraordinario, la Gracia propició un Cursillo de especiales encuentros con el Señor y oportunidades de reavivar el Amor primero. Un Cursillo con momentos de júbilo, otros de reflexión, pero en todos de unión con Él, con quien ha centrado y llenado cada rollo o meditación.
Dando gracias a Dios por los frutos, y por pintar la vida, nuevamente, ¡de colores!


