
Hay una ciudad por la que nos sentimos hermanados y tenemos cosas en común: las jotas, el río Ebro y el carácter abierto y alegre de sus gentes, esa ciudad es Zaragoza que fue nuestro destino para finalizar el curso. Así pues, el 8 de junio fuimos de peregrinación a esta ciudad.
Comenzamos nuestra actividad en la Basílica del Pilar con una misa en el altar mayor para después adquirir conocimientos con una visita guiada dentro de la Basílica. Como siempre mucha animación de personas transitando para visitar a la «Pilarica».
Es algo grande que se mantenga vivo el sentido religioso y es que estos lugares tan emblemáticos llaman mucho a la fe. La comida fue en un horario no muy español 13:15h aun así apareció el hambre ya que la salida fue temprana desde Logroño. Por la tarde quedaba la Catedral de la Seo también con visita guiada .
Yo la visité unos años antes de la restauración. Esta catedral se ha vuelto a abrir al público recientemente, pero ha permanecido veinte años cerrada, pero como diría Carlos Gardel en su nostálgico tango; «Volver/ con la frente marchita/ las nieves del tiempo/ platearon mi sien. / Sentir que es un soplo la vida, / que veinte años no es nada…»
Sí que es demasiado tiempo para que algo tan hermoso no pueda ser contemplado. Y ya teníamos que regresar, dando gracias a Dios por el día vivido. ¡De colores!