
El pasado trece de junio en la parroquia de Santiago Apóstol de Alcalá de Henares se celebró la sesión final de la Escuela de dirigentes de este ejercicio, teniendo como ponente a don Antonio Prieto, obispo de la diócesis compostelana, que habló a los presentes acerca de la importancia del Kerygma, “El primer anuncio”, algo que está grabado en el ADN de Cursillos de Cristiandad y que es piedra angular para el método de Cursillos.
La jornada se inició con la celebración de la santa Eucaristía, celebrada por don José García, actual consiliario de la diócesis alcalaína y concelebrada por don Javier Ortega, su predecesor en el cargo.
El obispo resaltó por encima de todo que Dios nos ama incondicionalmente tal y como somos y que nunca nos suelta de la mano, indicando que ese sería el resumen de la Biblia: “Dios te ama”.
Don Antonio señaló que el hombre no puede vivir sin amor, por eso la amistad y el trato cercano son fundamentales en un buen cursillista. Finalmente habló de cómo debe ser la actitud de los cursillistas para saber transmitir el primer mensaje.
· ACOGIDA: esta es la primera actitud para transmitir el mensaje. Acoger significa no juzgar, respeto, amabilidad, dulzura, empatía.
· TESTIMONIO: segunda actitud. Solo el testimonio convence (este es el testimonio de Cursillos).
· SERVICIO: tercera actitud. Un servicio vale más que mil palabras.
· SONRISA: cuarta actitud. No sonrisa forzada, sino sonrisa verdadera (del hombre de fe).
· VIDA INTERIOR: quinta actitud. Cuidar la oración, los ratos de Sagrario, la confesión frecuente.
· GRADUALIDAD: sexta actitud. No podemos pensar que las personas pasan de cero a cien alegremente. Hay que acompañarlas, y llevarlas gradualmente a la santidad.
· DEDICAR TIEMPO A PREPARARSE: séptima actitud. El primer anuncio no se improvisa.
· RECTITUD DE INTENCIÓN: Yo, ¿a qué voy al Cursillo?, ¿a qué me aplaudan, o a qué? La rectitud de intención es que se luzca Dios. Somos humildes servidores de la viña del Señor. No nos cansemos de sembrar. Lo importante no es dar fruto, sino sembrar (no cansarse de sembrar).


