
Estamos a punto de finalizar el curso y como es habitual debido a la pandemia, nos reunimos en plataforma Zoom el G.I. de Aragón, Osma-Soria. Se nos había anunciado por WhatsApp que el ponente sería un sacerdote que hablaría y daría testimonio sobre el misterio real de Jesucristo en la Eucaristía.
Y nada más de iniciar la conferencia dijo: Me ha dado la vida la experiencia de Dios. La gracia actual. Citó al Catecismo de la Iglesia el nº 2020. Esto me llenó de alegría saber que estaba en sintonía con el Movimiento. Toda su exposición fue un testimonio de su andadura en la fe sin ningún agarradero que la Gracia. Es increíble que la misma Iglesia y sus pastores lo tuviesen años en silencio, sin saber si lo iban a ordenar y por consiguiente que postura tomar, él seguía orando con la Biblia, se percibe fiel amante de la palabra de Dios.
Continuó diciéndonos que en esa situación de no saber a qué atenerse se fue de misionero seglar a Haití y allí llegó en pleno conflicto social, con el presidente depuesto, de bandas armadas y una revuelta total del país se encontró en medio de tiroteos y alguien le habló de una casa donde alojarse el solo. Una noche oyó una voz que por tres veces le dijo Luis me quieres, le dije que sí y observe en la penumbra la imagen de una persona.
Me desperté, di la luz y pensé si estoy bien mañana debo ir a alguien que me vea mis neuronas… Y fue, no al psiquiatra, sino a un sacerdote de la nunciatura, le contó lo sucedido y le reafirmó que fue una gracia actual la que recibió esa noche. Desde ese instante su vida tomó otros vuelos y vino a España. Aquí todo seguía como entonces, silencio, acudió al obispado y le ofrecieron dar catequesis en una parroquia a las afuera de la ciudad, no tenía ningún ingreso viviendo a costa de sus padres, tuvo la tentación de echarse novia… Ah, su piedra filosofal la tenía en la escucha de la Escritura. Pensar que estuvo doce años sin saber si lo iban a ordenar y se mantenía fiel en medio de tormentas interiores. Él marchaba cada día a la parroquia que le habían asignado de catequista hasta que un día cuando volvía en autobús dijo, esto ya no puede ser, se acabó, hoy es el último día ya no volveré a ese lugar. Se quejó enfadado al Señor por esa situación que estaba viviendo, se bajó del autobús y mentalmente discurría todo lo que le estaba pasando en su vida, un silencio sepulcral que no entendía y que se dijo asimismo: hasta aquí he llegado. Llegó a casa por la tarde, me duché y empecé a cenar. En eso que llaman por teléfono y me dice mi madre, ponte, preguntan por ti, lo cojo era el vicario y me dice: Me acaba de decir el Sr. Arzobispo que te ordenas en septiembre. No entendía nada, esto es asombroso y quedé perplejo de lo que acababa de oír. Y finalizó diciendo: Me ordené de diácono en septiembre y en marzo de presbítero con treinta y seis años.
Después de escuchar este testimonio en la que todos estábamos en silencio y asombrados al día siguiente entendí mejor lo que dice el Salmo 62: Tu gracia vale más que la vida. Ya lo creo que Dios desborda y prueba a las almas de qué manera, pero como él ponente dijo: Me ha dado la vida la experiencia de Dios.
Todos los allí presentes comprendimos como también nosotros tuvimos esa visita del Señor en nuestras vida a través del Cursillo de Cristiandad. Esto es el porqué de ese deseo de almas y ansias de que otros conozcan a Cristo. El manifestó finalmente que invitemos a que tengan la experiencia de Dios cualquier persona, hasta la más alejada que todo lo demás viene por añadidura.
Salimos de la Ultreya en silencio y diferentes a otras veces pero contentos por lo que habíamos estado escuchando, pensé lo que dice el Salmo: los caminos del Señor son santos. Qué maravilla vivir la fe en la Iglesia en pequeñas comunidades donde el Señor se sigue haciendo presente para enriquecimiento de los que le siguen.