
Después de este año que llevamos de pandemia, que nos ha hecho modificar nuestros hábitos, nuestras relaciones, en el que han aflorado dificultades, y también temor, incertidumbre, hemos podido estar unidos principalmente utilizando los medios telemáticos, pero nada suple el contacto físico y personal entre nosotros.
Nuestra Escuela ha estado activa, y hemos podido cerrar la última sesión de este ciclo, con la estimada presencia de nuestro obispo D. Juan Antonio Reig Plà, como suele hacer anualmente.
Ha sido este jueves 17 de junio, en la parroquia de Santiago Apóstol, sede del MCC en Alcalá de Henares.
Después de la celebración de la Eucaristía, celebrada por nuestro pastor, donde nos recordaba en su homilía que el amor y la Palabra de Dios es personal para cada uno, pudimos tener nuestra última Escuela, con D. Juan Antonio como ponente, donde nos animaba y alentaba a continuar nuestra labor. ¡Cuánto se agradece el aliento de nuestros pastores!
En línea con su homilía nos recordaba que no somos un individuo aislado, que contrasta con la sociedad individualizada en la que vivimos, donde hay mucha soledad, y en la que no encontramos respuestas para llenar nuestra vida, algo que ha dejado patente la pandemia. En Cursillos, decía, se dan las claves para que pueda vivir la persona (“fuera de la Iglesia no se puede vivir”), pues allí donde se crea un espacio comunitario de verdad es donde está la vida cristiana. Donde no hay amor no se puede vivir. Nos animaba a renovar el primer amor a Jesucristo.
Nos recomendaba alimentarnos de Jesús, estar unidos y tratar con Él, avivar la gracia de la Fe, para que nuestra vida tenga la luz de Dios que marca la distinción del cristiano ante las adversidades y ser instrumentos de evangelización con nuestro carisma.
En este año ignaciano (celebramos el 500 aniversario de la conversión de San Ignacio de Loyola), D. Juan Antonio, puso como referencia a San Ignacio y cómo de una desgracia como fue la de su herida en el frente, tuvo la revelación de Dios que le llevó a confrontar su vida a la luz del Evangelio, tomando como referencia la vida de los Santos. Una gran humillación fue su camino para la salvación.
San Ignacio, como Don Quijote (estamos en la tierra de Cervantes donde también pasó Ignacio un tiempo de su vida), “se dejan llevar” por su cabalgadura, y lo hacían por su gran ideal, ya sea Dulcinea para D. Quijote, o dar a conocer a Jesucristo para Ignacio y para nosotros.
Dejarse llevar, dejarse conducir por la gracia de Dios, sin oponer resistencia, tomando conciencia del fin para el que hemos sido creados: el cielo, siendo indiferentes a las cosas, tomándolas como medios para alcanzar el fin.
Todo es ocasión de gracia, las humillaciones, las crisis…, como en San Ignacio, sirven a Dios para el camino de salvación; y ante la crisis profunda de fe que estamos viviendo en nuestra sociedad, necesitamos vivir un espíritu de santidad y volver a los orígenes.
Siempre animándonos a vivir de COLORES.