
NUNCA ES TARDE PARA VOLVER A EMPEZAR
El día 2 de febrero del 2020 tuvo lugar la clausura del último cursillo, el número 512 de nuestra diócesis de Oviedo. Así fue hasta esta semana pasada, cuando después de año y medio de parón pudimos volver a celebrar un nuevo cursillo por la gracia de Dios. Del 4 al 7 de noviembre se celebró en Latores el cursillo número 513. Así, 24 personas entraban a formar parte de la familia de cursillos.
Para hablar del paso del cursillo en mí, tengo que remontarme a septiembre de este año. Yo estaba haciendo el camino de Santiago con mi padre cuando recibí una llamada de Eva, coordinadora del cursillo, en la que se me invitaba a cubrir una baja en el equipo. Por si el momento en el que recibí la invitación fuera poco, conocía a todo el equipo, estaba formado por personas con las que convivía habitualmente: con algunas ya había trabajado en otros cursillos, otras eran compañeras de parroquia y otras jóvenes con los que vivía mi fe en el día a día. Es en este último grupo donde estaban mis amigos del movimiento; juntos llevamos la cuenta de Instagram del MCC de Asturias, con ellos había estado conviviendo en Covadonga durante una semana de voluntariado este verano y había crecido en mi fe durante este último año, trabajando para el movimiento y compartiendo nuestras vivencias. Dentro de los candidatos conocía más bien a poca gente, pero a las que conocía eran personas especiales para mí. Ese mismo día dije que sí, siendo esta invitación el gran regalo que el camino me dio. De esta forma me unía a un equipo que llevaba año y medio trabajando el precursillo. Quien me diría a mí que, cuando mis amigos hablaban durante el voluntariado de Covadonga sobre el cursillo que estaban preparando, yo iba a tener la gracia de ir.
Por fin acabó llegando el día 4 de noviembre. Después de una pandemia un cursillo conseguía volver a arrancar, ese día conocíamos a los que iban a ser nuestros nuevos hermanos cursillistas. Cuando uno tiene la gracia de poder ir de responsable a un cursillo, el primer día que se encuentra con los nuevos hermanos aparecen un cúmulo de sentimientos, emoción, intriga, ganas… Todos se apoderan de ti porque uno sabe que, en los siguientes días, el Señor posiblemente toque tanto el corazón de muchos de los ahí presentes que les cambie sus vidas para siempre. Y es que ésta es la mayor gracia de ir de responsable, ver como el Señor no sólo toca cada corazón, sino que lo revuelve, lo vacía y lo llena de su amor. Una de las cosas que personalmente más me impresiona de Dios es ver como derrama su gracia tanto en las personas que tienen los cinco sentidos puestos donde hay que tenerlos como en las personas que están pendientes de que las cosas fluyan bien, y es que da igual que seas cursillista o responsable, Dios nunca te deja indiferente.
Otra cosa que destaco del cursillo es el hecho de haber sido testigo de como Él se vale de instrumentos para dedicarte la palabra o el gesto que necesitabas. Así hizo conmigo, cuando una persona al acabar uno de los actos más destacables del cursillo tuvo las palabras que yo necesitaba oír en ese momento, sin conocerme de nada.
Durante la clausura, no solo se respiraba la alegría de cerrar un exitoso cursillo con 24 nuevos hermanos, lo cual siempre es una alegría. También estaba el hecho de que era la primera clausura tras la pandemia, la alegría de saber que el movimiento volvía a su labor de Evangelización se tradujo en abrazos, cantos, bailes… Y es que así es queridos hermanos, como dijo una compañera responsable durante la clausura, ¡el movimiento vuelve al movimiento!
¡De colores!
Ignacio Braña Suárez