
El Cursillo Nº 155 de nuestra diócesis comenzó, acorde al tiempo que vivimos, lleno de incertidumbres, siendo un deseo y una esperanza, más que una preparación de Cursillo de las que habíamos conocido hasta el momento.
Mi “Sí” a formar parte del equipo también venía cargada de interrogantes: la delicada salud de mi padre, el permiso en el trabajo dependiendo de la fecha en que se realizara… Así que, ya desde el inicio, empezábamos a caminar de manera diferente a lo normal.
Desde el mes de enero hasta junio, nos reuníamos “on-line”, con la intención de compartir, conocernos a fondo, ayudarnos en la preparación de nuestro corazón, a la vez que preparábamos los contenidos del Cursillo y sorteábamos la dificultad que supone intentar llegar a través de la red al equipo que nos escuchaba.
Las fechas del Cursillo, igual que los lugares de realización fueron cambiando, acorde al empeoramiento de la pandemia, hasta que por fin las cosas mejoraron, y junio se vislumbró como el momento, y también se nos permitió encontrarnos en persona.
Mi tiempo previo al Cursillo vino acompañado de un ingreso por sorpresa de mi padre, y la incertidumbre de saber si después de los seis meses, mi lugar estaría sirviendo en el Cursillo, o en mi familia. No faltó la oración intensa de la Comunidad por su recuperación, y finalmente, el 24 de junio de 2021, comenzó nuestro esperado Cursillo, tras un año sin celebrar Cursillos en nuestra diócesis.
En las casa de ejercicios “Madre de Dios” del I. Secular de las Obreras de la Cruz, nos reunimos 21 personas, tras el correspondiente baile de candidatos, como ya sabemos, para que el Señor lleve al Cursillo a quien Él ha elegido para este momento.
¿Y qué se vivió en el Cursillo? Los que lo habéis vivido, ya lo sabéis, cuando las cosas se ponen en manos de Dios, conocemos el final, y, sin miedo a hacer spoiler de los Cursillos que se han vivido y vivirán en el futuro, lo que acontece es una lluvia de Gracia, que va empapando las vidas de los que allí estamos, cada uno a su tiempo, a cada uno de forma diferente, Dios se vale de cada momento, gesto, mirada y palabra para hacerse presente.
¿Qué fue el Cursillo nº 155? Fue respuesta a preguntas, el momento preciso tras años de invitaciones, abrazo de Dios, empezar una amistad con Dios… Todo esto y mucho más, en cada corazón que allí estuvo.
Para mí fue abrazo de Dios, enamorarme más de mi Comunidad, y mi Betania en el camino para seguir viviendo de colores.