
Los días 1 y 2 de diciembre tuvo lugar la Ultreya Interdiocesana de Cursillos de Cristiandad en Tenerife, concretamente, en el Seminario Diocesano de La Laguna.
A esta cita acudieron cursillistas de las dos Diócesis de Canarias.
Estos dos días pudimos disfrutar de la presencia de nuestra presidenta nacional, Rosa Murillo, y de su marido Javier Ramiro, quienes enriquecieron las jornadas de vivencias y emociones.
El viernes comenzábamos, como no podía ser de otra forma, orando juntos en una vigilia llena de símbolos, gestos, testimonios… en la que se nos invitó a descalzarnos, porque también nosotros pisábamos tierra sagrada.
Fue un momento cargado de emoción que nos ayudó a situarnos y a tomar conciencia de nuestra misión, pero, sobre todo, fue una vigilia en la que pudimos vivir un encuentro especial con El Señor.
En la mañana del sábado, la primera cita fue en la capilla. Dábamos comienzo a la jornada agradeciendo al Señor lo vivido y poníamos el día en Sus manos.

Ya en el salón de actos, Doña Olga Alegre inauguraba la mañana, presentando al Vicario de La Laguna, Don Juan Antonio Guedes, la presidenta y consiliario de la Diócesis de Canarias, Dña. Valeria Laura Valzania y Don Nicolás Monche, el presidente y consiliario de la Diócesis Nivariense de Tenerife, Don Juan Tomás Hernández y Don Sixto Valentín, finalizando con nuestra presidenta nacional Rosa Murillo, la cual, después de su presentación nos entusiasmó con su ponencia Identidad y misión. “Yo soy el que soy” Ex 3, 14.
En ella nos animaba a caminar juntos y nos invitaba a hacer un viaje a nuestro corazón y a preguntarnos ¿quién soy yo?
Sus palabras cercanas nos ayudaron a volver a nuestros orígenes, a recordar nuestro comienzo en este bendito Movimiento. Nos invitaba a mirarnos como Dios nos mira…
Como culmen, tuvimos la Eucaristía presidida por el obispo y un emotivo homenaje a los miembros más veteranos de la Escuela de Cursillos de la Diócesis Nivariense.
Fueron dos días llenos de vivencias, de alegría compartida, de trabajo en equipo… Ha sido un gran reencuentro con El Señor, con los hermanos y con nosotros mismos.
Solo podemos dar GRACIAS a Dios por todo lo vivido.
¡DE COLORES!