
El pasado 1 de octubre, iniciamos el curso en el Secretariado de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Ávila, celebrando la Ultreya Diocesana de Inicio de Curso.
Llevábamos 2 años sin poder realizarla y se notaba que había muchas ganas en volver a encontrarnos para celebrar la Eucaristía todos juntos, dar gracias al Señor y orar por todos aquellos que se ha visto afectados por este virus.
La hemos celebrado en la Casa de Espiritualidad de Santa Teresa lugar de descanso de San Juan Pablo II en su visita a Ávila hace ahora 40 años.
Por eso, cuando el Rector de la Ultreya, invocaba al Espíritu Santo, la emoción era palpable y parecía que San Juan Pablo II se hacia presente en nuestros corazones y nos animaba a no desfallecer y seguir en nuestro camino.
Recordábamos sus palabras en Roma: «¡Ánimo! ¡Ultreya! ¡Adelante!».
Asun, nuestra presidenta nos marcó las pautas del nuevo curso que comienza porque nuestra misión está clara y debemos seguir con ella, ahora sí cabe con más fuerza y más entrega que nunca. «Tenemos que mantener vivo el amor a Cristo que es el fundamento de todo», señaló.
Nuestro Consiliario, Don Eliseo, nos dijo que debemos sentirnos orgullos de ser cursillistas; nos identifica mucho haber hecho el Cursillo y nos hace personas especiales. Nos alentó a renovar la ilusión de nuestro encuentro con Cristo.
Estábamos expectantes a la charla-vivencial, que nos iba impartir Bernardo, cursillista comprometido con el movimiento desde hace 50 años, que siempre habla con la sabiduría que da la experiencia y con el sugerente título: «¿A Quién iremos?».
Y no defraudó, nos hizo comprender desde lo más profundo del corazón, que el Señor siempre confía en nosotros y a pesar de que ahora vivimos en una sociedad de muerte, aludiendo a los no nacidos y a la eutanasia indiscriminada, no podemos ser pesimistas, porque, «un cristiano no puede ser pesimista puesto que sería un síntoma de que no confía en el Señor». Imposible resumir en pocas palabras la emoción y los sentimientos que despertó en todos los asistentes.
En fin, la sensación es de ALEGRIA, ILUSION Y DE GANAS DE TRABAJAR EN ESTE NUEVO CURSO
DE COLORES.



Ultreya Diocesana del MCC de Avila