
Es sábado, 28 de enero, cuando nos reunimos en el Seminario de Logroño, en el nombre del Señor, para celebrar el aniversario de la Conversión de San Pablo, patrón del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
Desde bien temprano comienzan a llegar antiguos cursillistas, invitados de otros grupos y movimientos cristianos y simpatizantes, que tras las presentaciones y saludos nos vamos reuniendo en el salón de actos para celebrar y festejar tan importante acontecimiento en el ser y estar del Movimiento. Como es costumbre, iniciamos la jornada festiva con la lectura de la Liturgia de las Horas, oración que nos une en comunidad y nos recuerda, en la antífona de la Lectura, la necesidad de fraternidad: “Ved que dulzura, que delicia, convivir los hermanos unidos.”.
A continuación, Araceli presentó a D. Juan Antonio Gómez Trinidad (Catedrático de filosofía, ex-vicepresidente del Consejo Escolar del Estado, fundador y presidente de la asociación cultural La Bitácora XXI), ponente de la charla “El papel del laico en la Iglesia hoy”, que era el tema central sobre el que iba a discurrir el coloquio posterior. En la cual, tras una introducción destacando el papel de la educación en el proceso de maduración y socialización de la persona, entra directamente a explicar qué es lo propio del laico: “Lo propio del laico es transformar la realidad, es lo que somos los bautizados: sacerdotes, profetas y reyes.” Pasa a continuación a desgranar en qué se concreta este papel del laico: “…no es estar en la sacristía, no es colaborar –que sí- , pero sí ser corresponsables…”.
Otra de las reflexiones del ponente es que el apostolado no es cuestión de educación (no somos una ONG), sino ser signos de Dios en la educación, en el encuentro, en el silencio: “…no es sustituir la religión por la meditación, ya que la felicidad es una puerta que se abre hacia afuera; somos personas, alguien que necesita a otro alguien para alcanzar la plenitud. La plenitud es la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el encuentro de tres personas distintas y un solo Dios… descubriendo la ternura de Dios.”
Continúa la exposición en clave kerigmática, de primer anuncio, donde lo más maravilloso es el encuentro personal con Dios, dando su importancia al silencio y la contemplación: “La contemplación es dejarse mirar por Dios y mirar a Dios, Dios se abaja y se hace hombre para que el hombre pueda hacerse dios. Es la revolución del cristianismo, un Dios despojado de todo”. Abunda en el aspecto contemplativo, en la necesidad de la oración y el silencio, poniendo como ejemplo la opción benedictina; para, a continuación, explicar la opción paulina, en relación con el papel del laico en la Iglesia actual: “Los laicos estamos llamados a transformar el mundo, pero cargando las pilas en el silencio, ante el sagrario, en la oración; salir y transformar el mundo. El laico vive en el mundo sin ser del mundo”.

Ser hijos de Dios supone la fraternidad, es la necesidad de comunión, que las comunidades no se encierren en sí mismas.” Y siguiendo la misma clave de primer anuncio nos recuerda que no tengamos miedo: “Es necesario que los laicos despertemos de nuestro letargo y anunciemos la buena nueva; que no tengamos miedo al miedo ni a nuestras debilidades”. Antes de dar paso al diálogo con todos los presentes, termina con un ejemplo que nos sirve de recordatorio sobre el papel del laico: “Un peregrino, en su oración al Padre le dice: Señor, ¿por qué no haces algo para que el mundo mejore? –Te he hecho a ti.
Finalizado el coloquio y ya avanzado el medio día, hacemos un descanso, que el bullicioso grupo aprovecha para charlar, tomar un café o dedicar un momento de silencio en la capilla. Poco después, comienza la eucaristía presidida por D. Jesús María Ortega, que nos convoca a ser discípulos misioneros, en nuestro entorno, en nuestro barrio, en nuestra familia. Tras recibir el alimento espiritual, nos dirigimos al comedor para recibir el alimento material, en una animada mesa donde confraternizamos y compartimos charla y vivencias.
Y la Ultreya toca a su fin. Terminamos con una oración mariana dirigida por D. Raúl Najarro, tras la cual nos despedimos efusivamente al grito “DeColores”.