
A los pies de María: Encuentro de los cursillistas de Ourense en el santuario de Fátima.
Este 10 de mayo, en el marco de la novena en honor a Nuestra Señora de Fátima, los cursillistas de la Diócesis de Ourense nos hemos congregado, una vez más, en el santuario de Fátima para vivir un momento de intensa espiritualidad y comunión.
Es ya una tradición profundamente arraigada en nuestro movimiento ser invitados a acompañar a la Virgen en uno de los días de esta novena tan querida por el pueblo fiel, y para nosotros, cada año, este gesto se convierte en un auténtico regalo de gracia y renovación interior.
La celebración eucarística fue presidida con profundo recogimiento y devoción. Desde los cantos hasta las lecturas, cada palabra, cada gesto, parecía estar tocado por la presencia amorosa de María, que con ternura maternal nos acoge, nos escucha y nos conduce siempre hacia su Hijo.
La Virgen de Fátima, con su mensaje de conversión, oración y esperanza, nos inspira y nos impulsa a seguir anunciando el Evangelio con alegría, como lo hacemos desde el carisma del Cursillo de Cristiandad.
Durante la homilía, se nos invitó a contemplar la figura de María no solo como modelo de fe, sino también como compañera en el camino. En ella, humilde y valiente, encontramos una luz en medio de las sombras del mundo, una guía silenciosa que nunca se impone, pero siempre está.
La Eucaristía fue, sin duda, un momento de gracia: una celebración que renovó en todos nosotros el compromiso de ser luz y sal para los demás, viviendo el cristianismo con autenticidad, desde lo sencillo, desde lo cotidiano.
Nuestro Consiliario ha dado una pincelada muy importante cuando nos habló de la familia y los valores familiares, teniendo como centro el amor, y como no el ejemplo de nuestra madre del cielo.
Nuestros rostros —captados en imágenes que no necesitan palabras— reflejan esa emoción indescriptible de haber estado a los pies de la Madre, sintiéndonos una vez más mirados, abrazados y enviados por ella.
Fue un encuentro de hermanos, de corazones encendidos por la fe, que nos recuerda que el Cursillo no es un evento aislado, sino un estilo de vida que se cultiva en comunidad y se sostiene en la oración.
María, Madre de la Iglesia y estrella de la evangelización, sigue intercediendo por nuestro movimiento, por nuestras familias y por toda la diócesis. Que su amor maternal nos siga reuniendo cada año y nos impulse a vivir con mayor entrega y alegría nuestro compromiso cristiano.
¡De colores!