
Nada mejor que aprovechar la festividad de nuestra comunidad autonómica de La Rioja y por ello el 9 de junio nos acercamos a visitar a nuestra Patrona. Un grupo de personas involucradas en el movimiento y allegadas nos desplazamos al monasterio de Valvanera, distante 63 km de la capital y situado a 1000m de altitud, donde el ambiente está lleno de espiritualidad y sí que es cierto que el entorno es privilegiado situado en plena naturaleza dentro de las montañas.
Allí nos recibieron los monjes del Instituto del Verbo Encarnado que desde hace unos años iniciaron el relevo para la atención del monasterio que anteriormente y durante tantos años lo ejercieron los monjes Benedictinos. Nuestro consiliario Gonzalo se unió a la celebración de la Santa Misa para después visitar a nuestra Madre de Valvanera y rezarle. El ambiente era agradable y feliz, la verdad es que dimos testimonio de auténticos cristianos porque estas sensaciones tienen que ser inherentes en nosotros, porque así percibimos a lo que estamos llamados en esta vida de paso: dar testimonio de la grandeza que Dios ha tenido con nosotros, de su amor y de ofrecernos a su Hijo para hacernos participes de su misma gloria.
Iniciamos la bajada a Anguiano, hermoso pueblo; aquí comimos tranquila y gratamente donde las sonrisas se manifestaban entre los presentes y es que cuando el Espíritu «ataca» lo hace de verdad. Ya retornando a Logroño nos quedaba por visitar una joya: la ermita de Santa María de Arcos, paleocristiana y el monumento más antiguo de La Rioja, casi nada, ubicada en Tricio, donde un rosario con participación de todos los presentes puso fin a nuestra excursión. Eso sí quedo entre nosotros el deseo de repetir estas convivencias no sólo una vez al año, quizás dos, porque estar entre cristianos es enriquecedor, compartir un mismo sentir nos da más cercanía y además como no decirlo: ¡La Rioja es hermosa! ¡De colores!
