
La convivencia de dirigentes ha sido un encuentro muy esperado, con una expectativa muy alta propia de los que en años anteriores hemos vivido esta convivencia. Se respiraba una gran conciencia de necesidad de comunidad. Nos hemos echado mucho de menos.
Comenzamos como siempre, yendo a decirle al Señor que ya estábamos allí, y El Señor nos recibió tan bien como siempre, diciéndonos que nos estaba esperando y que sabía a qué íbamos. Fijaos en la lectura breve de las laudes: “Hermanos, poned cada vez más ahínco en ir ratificando vuestro llamamiento y elección”. Y luego nos invitaba a pedir: «Concedemos Señor los tesoros de tu amor». No tuve más remedio que sacar la libreta y el boli. El finde prometía.
Tres rollos, proclamados al más puro estilo cursillista, articularon la convivencia:
«Ser apóstoles según San Pablo», nos lo dio Rosa de Lacy. Y lo hizo con sencillez, con gracia y rotundidad.
En él nos invitaba a renovar el espíritu evangelizador, con más fe, con más entusiasmo, con más oración. Sabiendo que el Espíritu Santo es nuestro motor y nuestra fuerza, nos invitaba a poner en Él toda nuestra confianza, para que sea Él quien nos haga hablar con franqueza, con seguridad, con verdad, con naturalidad y con alegría.
Nos insistía en ser apóstoles entusiasmados, humildes y fieles.
«Ser testigos según la Evangelii Nuntiandi» fue el segundo rollo. Proclamado por nuestro veterano y querido Fernando Panizo. Fue un rollo cargado de flechas incisivas, directo al corazón, haciendo diana. Todavía me resuenan algunas como estas: “Estamos llamados a la evangelización a través del testimonio”; “Testigo es aquel que ha tenido experiencia de Jesucristo”; “El testigo vive el Evangelio”; “El testigo reza, y vive en relación íntima con Cristo”, “En el Sagrario Cristo está presente, aunque yo esté ausente”; “Jesús quiere testigos de vida, hombres y mujeres que vivan la vida con El”; “Para ser testigo lo único que hace falta es sentirse amado por Dios”; “Sólo puedo presumir de la misericordia de Dios”; “Lo nuestro es la proclamación kerigmática, el primer anuncio, transmitir la belleza del Amor de Dios. Teniendo la disposición de llevar ese amor a los demás”; “…y por hacer esto la Iglesia ha sido y sigue siendo perseguida”; «No celebramos lo que hacemos, celebramos lo que vivimos”.
Luego pudimos vivir todos juntos la Eucaristía, y de la homilía de Jordi me quedé con tres cosas:
“En relación con el Espíritu, dirigidos. En relación con el Movimiento de Cursillos, dirigentes”.
«Que cada uno de nosotros aporte con toda generosidad aquello que pueda aportar».
«Se nos pedirá cuentas de los frutos que, con la intercesión de Dios, pudiéramos haber dado».
Como veréis el día vino bien cargadito. Por eso tuvimos que acabar con una buena vigilia de Oración. Un buen rato dejando a remojo todo lo recibido ante El Señor. Pidiéndole que lo hiciera Él en nosotros. ¿Cómo si no?
El segundo día nos lanzaba a la Misión. El tercer rollo lo dio Guille de Andrés, joven hijo amado de Dios y misionero, como le gusta presentarse. «Ser discípulos misioneros según la Evangelii Gaudium», donde nos invitaba a recuperar la frescura del Evangelio buscando nuevos caminos, nuevas vías, reinventándonos para hacer llegar el mensaje.
“Dios nos llama a ser misioneros en todo lo que hacemos en nuestra vida”; “Un buen evangelizador necesita mucha humildad”; “Corremos el riesgo de acallar nuevas voces, nuevas ideas, nuevas vías”; “Todos los hombres tienen derecho al mensaje de Cristo”;
“Todos somos discípulos misioneros, ¡Ay de mí, si no evangelizo!”…
Guille nos instaba a crear una nueva pandemia, pero de alegría y de fe; de riadas y riadas de pequeñas antorchitas que den al mundo de hoy luz y calor. ¡Qué buen sabor nos dejó este rollo! Sin que nadie lo dijera, en mi corazón resonó aquel lejano: «María, Cristo cuenta contigo».
Este fue el contenido de la convivencia, pero no quiero dejar de hablar del continente, es decir, todo aquello que envuelve este mensaje. Y ahí estamos las 150 personas que pudimos participar de esta convivencia poniendo cada una lo mejor de nosotros. Y se notaba en todos los rincones. En las decurias, compartiendo reflexiones y planes apostólicos. En el comedor, compartiendo la amistad, con alegría, con humor. Mirando a tu alrededor y viendo cómo van pasando los años para todos. Los jóvenes de antes ahora con sus familias, con sus hijos…, que son como tus nietos. Los nuevos jóvenes llenos de ilusión; y los medianos de antes ahora somos los mayores. Acordándonos de muchos mayores que ya están en la casa del Padre. Yo miraba a todos y pensaba como la canción: “Son mi familia».
Hemos compartido, hemos rezado, nos hemos reído, nos hemos conocido mejor, nos hemos comprometido más y todo gracias a Dios y a un equipo numeroso, entregado y generoso que, capitaneado por María y Borja lo ha dado todo.
¡Muchas gracias, sois lo mejor! Gracias, Escuela, por la Convivencia de dirigentes.