
Ahora que ya han pasado las fiestas, vamos a rememorar uno de los mejores momentos del MCC de este último tramo del año en la Diócesis de Mérida-Badajoz: La tradicional comida de Navidad.
Un día señalado en el calendario para la convivencia y la celebración de unos de los momentos más importantes para un cristiano.
Esta comida de Navidad para nosotros, como para todo el mundo, es un festín de colores. El frágil hilo teje la amistad con fuertes puntadas sobre el mantel de la celebración.

Con cada plato, con cada brindis, con cada copa que tintinea al chocar, con cada risa, con cada abrazo nos convertimos en una verdadera familia al calor de la espera impaciente.
La comida de Navidad se transforma en un acto de amor donde los afectos hacia los amigos y hermanos, tiene un lugar privilegiado en la mesa.
Ese es el verdadero banquete, el que se encuentra en los corazones que se unen en un abrazo sincero para compartir vida. Esto es lo que sucedía en la comida celebrada en un hotel de la ciudad pacense después de, como no, la celebración eucarística concelebrada por nuestros sacerdotes del MCC, consiliario y viceconsiliario.

La Eucaristía fue celebrada en la Parroquia De Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Badajoz, donde nos reunimos alrededor de unas 60 personas para celebrar la Palabra. Para prepararnos para las fechas que con tanto deseo viviríamos días más tarde.
Vivimos un precioso día de convivencia y oración. Un suspiro de felicidad plena como recordatorio de que, en la simplicidad de un encuentro entre amigos para celebrar la luz que nos ilumina, reside la verdadera magia de la Navidad, dulce Navidad.